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lunes, 30 de marzo de 2015

Casi un cuento

Él susurró que lo mejor sería
no enamorarse,
ella no le llevó la contraria,
para qué si se sabía vencida.
Ante todo se dejó acariciar
por sus manos manchadas de ternura.
Eso sí        
           no sé enamoró de sus manos.
Mas no impidió que sus labios
muy lentos la abrasaran,
pero tuvo cuidado,
no se enamoró de sus labios,
y aunque tampoco se opuso a que su lengua
la hiriera sin remedio,
no se enamoró de su lengua
ni de sus ojos ni de su voz
ni de la palidez que se le subía a la cara
entre los besos,
esa palidez que a ella más y más la arañaba.
Pero tuvo cuidado y no se enamoró.
Para qué si se sabía vencida.

Una y otra vez volvieron a encontrarse.

Sin amor.

Eso sí,

            felices como niños.




 Ángeles Mora

martes, 5 de octubre de 2010

UNA CARTA

tan lejos – tan cerca...


Te escribo como si te amara,
igual que si mis manos
buscaran el tacto
de las tuyas.
Para sentir tu piel
lejana
te escribo.
Tus dedos en mis dedos
pulsan mi sangre,
notan un corazón desnudo
en tu boca mis labios.
Sé que mi saliva
sabe más de ti que yo misma.
Mi sangre y mi saliva
dicen tu piel.
Tu piel, el papel donde vivo,
frágil como tu carne
pero dúctil y tenso
y escabroso
como la línea quebrada
que dibujo
en el camino de tus venas.
Te escribo para pasar la mano
sobre tu pelo,
y seguir, y seguir
y embadurnarte todo
con la roja tinta de mis dedos
y volver a empezar.
Te escribo...

ÁNGELES MORA

domingo, 17 de agosto de 2008

Elegía y postal

No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos, nuestra vieja
taberna, cerveza
para dos.
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de ascensor.
Y salir a una calle que nunca has presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre, otros besos
que no te ven venir.
No, no es fácil cambiar ahora de llaves.

Y mucho menos fácil,
ya sabes,
cambiar de amor.

Ángeles Mora