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miércoles, 7 de marzo de 2012

AMOR PLATÓNICO

A tua boca fala-me da outra margem da mesa

enquanto as mãos passeiam ao acaso

pelas palavras com que me acaricias.

Este vidro entre nós pode ser o universo

em que o calor do chá se sente nos dedos

e sobe até ao rosto apressando a respiração

enquanto o olhar despreocupadamente vai amando

juntamente com o pão que acaba de chegar á mesa.



AMOR PLATÓNICO

Tu boca me habla desde el otro lado de la mesa

mientras las manos pasean al azar

por las palabras con las que me acaricias.

Este vidrio entre nosotros puede ser el universo

en que el calor del té se siente entre los dedos

y sube hasta el rostro atrapando la respiración

mientras la mirada despreocupadamente va amando

junto con el pan que acaba de llegar a la mesa.

ROSA ALICE BRANCO


sábado, 3 de marzo de 2012

OBRA PRIMA


Cuando tu mano acaricia mi pierna
los sensores de la piel desencadenan reacciones sentimentales
y a veces llego a tener una reacción motora. El ángulo
de la pierna, la inclinación del pie -te maravillas con el paisaje
ocasional: después de la curva de la carretera estabilizas la mirada
en la curva de la rodilla. Los ojos se impacientan en sacudidas
invisibles pero el espejo refleja sólo inmovilidad.
La sandalia: tu mirada va de la rodilla a la desnudez del pie. Este pie
que recorre las calles es también objeto de deseo: el pie
que pisa el freno a fondo. Sé que me vas a besar -tal vez
ni tú mismo sepas que la postura de tu cuerpo tiene el formato
del beso. La caricia necesita un control minucioso,
la presión exacta para que no me machaques la rótula.
El contacto es dulce en la piel que te ofrezco, la caricia
es la obra prima de la ingeniería mecánica. Miro la bahía
donde se reflejan los neones de la noche y dejo al cuerpo
trabajar libremente. Después me adormezco con tu mano
en mi pierna y la vaga conciencia de que el paraíso
se extiende desde la punta de los pies hasta lo alto de la cabeza.

ROSA ALICE BRANCO

viernes, 24 de febrero de 2012

La sonrisa de las piernas

Viniste sin preguntas, como quien camina
por la calle y no para a la entrada de la casa.
Me cortaste el pan en pedacitos, hiciste el nido
en la almohada donde mi sueño duerme
con historias que despliegas en la sabana.
Di color a los nombres con las letras devastadas,
Comí la fruta con tus dedos, apoyé
mi pulgar en tus yemas, entre los duendes
del claro que abriste para el día. Cantaste mi dolor
y de él hice la manta que nos cubre. Volví a ser
la sonrisa de las piernas, el soplo en la voz que llega
allí donde tú estés. Ahora que no hay cercanía
ni lejanía, ni nada que duela, que todo se toca
por dentro del devenir, dejo un nenúfar en la puerta
para aquel que llegue con el fardo de la noche. Y se hace luz
como los pétalos abiertos de tu nombre.


Rosa Alice Branco