"...amo una maravillosa estatua mutilada; un texto no terminado, un fragmento de cielo inscrito en la ventana de la vida". Julio Cortázar
jueves, 26 de marzo de 2015
Mujer al sol
martes, 24 de mayo de 2011
Ausencia
Dejaré que muera en mí el deseo
de amar tus ojos dulces,
porque nada te podré dar sino la pena
de verme eternamente exhausto.
No obstante, tu presencia es algo
como la luz y la vida.
Siento que en mi gesto está tu gesto
y en mi voz tu voz.
No quiero tenerte porque en mi ser
todo estará terminado.
Sólo quiero que surjas en mí
como la fe en los desesperados,
para que yo pueda llevar una gota de rocío
en esta tierra maldita
que se quedó en mi carne
como un estigma del pasado.
Me quedaré... tu te irás,
apoyarás tu rostro en otro rostro,
tus dedos enlazarán otros dedos
y te desplegarás en la madrugada,
pero no sabrás que fui yo quien te logró,
porque yo fui el amigo más íntimo de la noche,
porque apoyé mi rostro en el rostro de la noche
y escuché tus palabras amorosas,
porque mis dedos enlazaron los dedos
en la niebla suspendidos en el espacio
y acerqué a mí la misteriosa esencia
de tu abandono desordenado.
Me quedaré solo como los veleros
en los puertos silenciosos.
Pero te poseeré más que nadie
porque podré irme
y todos los lamentos del mar,
del viento, del cielo, de las aves,
de las estrellas, serán tu voz presente,
tu voz ausente, tu voz sosegada.
Vinicius de Moraes
domingo, 17 de enero de 2010
Mujer al sol
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz
y la flor de los labios abierta para el beso
y en la piel refulgente el polen de la luz.
Una hermosa mujer, los senos en reposo
y caliente de sol, nada más se precisa.
El vientre terso, el pelo húmedo y una sonrisa
en la flor de los labios, abierta para el gozo.
Una mujer al sol sobre quien yo me arroje
y a quien beba y me muerda y con quien me lamente,
y que al someterse se enfurezca y solloce,
e intente rechazarme, y que al sentirme ausente
me busque nuevamente y se quede a dormir
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir.
Vinicius de Moraes
martes, 13 de enero de 2009
Ternura
aunque mi amor sea una vieja canción en tus oídos.
De las horas que pasé a la sombra de tus gestos,
bebiendo en tu boca el perfume de tus sonrisas.
De las noches que viví apaciguado
por la gracia infinita de tus pasos huyendo eternamente.
Traigo la dulzura de los que aceptan melancólicamente,
y puedo decirte que el gran afecto que te dejo
no tiene la exasperación de las lágrimas ni la fascinación de las promesas,
ni las misteriosas palabras de los velos del alma...
Es una unción, un sosiego, un exceso de caricias.
Y sólo pido que reposes quieta, muy quieta,
y dejes que las cálidas manos de la noche
descubran sin fatalidad la mirada estática de la aurora.
Vinicius de Moraes