lunes, 16 de mayo de 2011

Coincidencias (Para la mujer del café de siempre)

Tal vez sin que lo sepamos
exista un momento dentro de todos los momentos
en que estarás leyendo este poema que se escribe.

Tal vez en ese instante estarás en el lugar de siempre
y tus labios perciban el aroma del pasado
con el café que te hable de los días que tuvimos.

En ese momento quizá estarás ahí
con los mismos sabores y el aroma a café por todo el cuerpo
mientras yo te piense tocándote sin tocarte.

Probablemente tu vestido sea el mismo
aquel que tantas veces vistió la silla de mi cuarto
y que hoy ondea por el aire con su paso aprisa.

Tal vez una palabra un pensamiento
algo inexplicable y cotidiano en otro tiempo
estará haciendo resurgir un nuevo abrazo.

Acaso los días cambien su presagio
y coincidamos en el preciso espacio donde empezamos
porque nos marchamos pero no cambiamos del todo.

Tal vez a fin de cuentas
no quedamos tan distantes
porque estamos heridos por la misma flecha.


Rubén Márquez

sábado, 14 de mayo de 2011

Canje

Es importante hacerlo

quiero que me relates
tu último optimismo
yo te ofrezco mi última
confianza

aunque sea un trueque
mínimo

debemos cotejarnos
estás sola
estoy solo
por algo somos prójimos

la soledad también
puede ser
una llama.

Mario Benedetti

martes, 10 de mayo de 2011

De la sed

Quitadme incluso el mar;
incluso el apretado cauce de los arroyos,
las acequias ruidosas de insectos, los estanques
donde los peces muerden la soledad del agua;
quitadme la tormenta,
los carriles de lluvia resbalando en el vidrio,
el rocío que preña de gotas los jarales,
la humedad de la noche lastimando los trigos.
Quitadme incluso el mar.

(La única sed que temo es la sed de su boca.)

Josefa Parra

domingo, 8 de mayo de 2011

Olor a amor

Hueles de una manera diferente.
Amar es una forma de olor. El cuerpo impone
su presencia de aroma que subleva
esa selva, ese bosque
que somos.
No te veo.
No llego a tu contacto. Llegan flores
raras, deshechas, invisibles.
Certidumbre de ti en medio de la noche.

Un salvaje rosal es tu olor. Una
paloma es, y su vuelo recorre
hasta mí el aire. Una
profunda cabellera esparcida en el borde
de mi memoria.

Tu enredado aroma
entre mis dedos algo tuyo esconde.
Hasta mí llegas cada día hecha
olor enmarañado de azucenas y áloes.

Trasminas existencias. Te declaras
realidad amorosa que responde
a mi busca. Llamada
que su contestación en mi recoge.

Rastro exhalado, huella
reconocible, evanescente torre
de olorosa verdad. Humano aroma
de mujer junto al hombre.

Amar es una forma de olor. Llegas
fragante. Llego. Nos acoge
la onda que huele a vida enamorada,
a claveles que en dos bocas se rompen.

Carlos Edmundo de Ory


sábado, 7 de mayo de 2011

Equidistancia

Déjame que lo dicho
no se parezca en nada
a lo pensado.
Y que lo pensado,
si alguna vez fue dicho,
no se parezca en nada
a su música.
Déjame creer que lo pensado
y su música son huecos
que se necesitan,
que se atraen
como dos amantes
sin reproches.
Déjame creer que lo dicho
lo pensado
y su música tienen
cada cual lastres propios,
y que ninguno se colma
en el otro;
acaso en su dispersa
inmensidad,
en su sutil
equidistancia.

Ernesto García López

jueves, 5 de mayo de 2011

Esa flor instantánea

Miedo a perderse ambos,
vivir el uno sin el otro:
miedo a estar alejados
en el viento de la niebla,
en los pasos del día,
en la luz del relámpago,
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse,
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y se buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo; bendito miedo
que propicia el deseo
la agonía y el rapto,
de los que mueren juntos
y resucitan luego.

José Agustín Goytisolo

martes, 3 de mayo de 2011

Los sonámbulos

Y, cuando duermen, sueñan no con los
ángeles sino con los mortales.
Xavier Villaurrutia

Se despertó al oír un ruido
a sus espaldas, un murmullo
de frondas embozado. Abrió
los ojos y rozó en silencio
sus brazos recogidos entre
la nervadura de la sábana.
Qué sucede, por qué no duermes
-le preguntó mientras el alba
ya era otra forma en los espejos.
Me soñaba contigo -dijo
sin mirarle. Y se dio la vuelta,
cerró los párpados del sueño
para buscar la piel que huía
desde sus yemas, luz adentro.

Jorge Valdés Díaz-Vélez