viernes, 14 de septiembre de 2012

Armonía

Oye cómo se aman los tigres
y se llena la selva con sus hondos jadeos
y se rompe la noche con sus fieros relámpagos.
Mira cómo giran los astros en la eterna
danza de la armonía y su silencio
se puebla de susurros vegetales.
Huele la espesa miel que destilan los árboles,
la leche oscura que sus hojas exudan.
El universo entero se trenza y destrenza
en infinitas cópulas secretas.
Sabias geometrías entrelazan las formas
de dulces caracoles y de ingratas serpientes.
En el mar hay un canto de sirenas.
Toca mi piel,
temblorosa de ti y expuesta a las espinas,
antes que el ritmo de mi sangre calle,
antes de que regrese al agua y a la tierra.


Piedad Bonnett

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tus ojos.

No puedo apartarme de tus ojos.

Están fijos, abiertos sobre mí,

separados de tu rostro.

Son todo tu cuerpo y son el alma tuya.

Son una luz que hiere, tierna.

Tu mirada viene sobre mí como un rayo

de miel, como una honda flecha que me hace

yacer herido sin remedio.

De tu mirada cae una pregunta

y yo te digo

esa palabra que humedece el beso

con que cierro tus ojos

para que se diluyan lentos en mi sangre y mi alma.

Isaac Felipe Azofeifa


lunes, 10 de septiembre de 2012

Todavía

No lo creo todavía 
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.
Mario Benedetti

sábado, 8 de septiembre de 2012

Olvido


Se me olvidó tu nombre,
no recuerdo
si te llamabas luz o enredadera,
pero sé que eras agua
porque mis manos tiemblan cuando llueve.

Se me olvidó tu rostro y tu pestaña
y tu piel por mi boca transitada
cuando caímos bajo los cipreces
vencidos por el viento,
pero sé que eras luna
porque cuando la noche se aproxima
se me rompen los ojos
de tanto querer verte en la ventana.

Se me olvidó tu voz, y tu palabra,
pero sé que eres música
porque cuando las horas se disuelven
entre los manantiales de la sangre
mi corazón te canta.

Carlos Medellín

jueves, 6 de septiembre de 2012

Poema de la mujer-árbol

Avísame cuando llueva.
Sal y mójate. Que un trueno
te ponga de punta el seno.
Que la llovizna te beba.
Levita en el agua. Prueba
su salitre bautismal.
La ciudad es de cristal
pero no refleja... corta.
Sal y mójate no importa.
Salva tu amor vegetal.

Mujer-árbol / hojas-pelo
dulce orgía en la raíz.
(El amor es un país
gobernado por el celo.)
¿Siempre andaré paralelo
a tu epidermis-corteza?
Sólo la lluvia regresa
las hojas que se desprenden.
Mujer-árbol, en ti prenden
mis injertos de tristeza.

Avísame... El patio sabe
la dirección de mi casa.
Si el cielo cambia de raza
si el sol duerme bajo llave
avísame. Cualquier ave
te puede hacer el favor.
Sólo un telegrama: "Amor,
llueve y quiero que me cantes"
Y llegaré un beso antes
que eches la primera flor.

Alexis Díaz-Pimienta

martes, 4 de septiembre de 2012

Quiero estar en tu sueño

Quiero estar en tu sueño. Ser tu sueño.
Penetrar más allá de lo que advierte
la mirada sutil. Como beleño
recorrer, galopar tu sangre inerte.

Quiero quebrar con definido empeño
toda defensa en ti: muralla, fuerte:
y adentrarme, crisálida de ensueño
más allá de tu vida y de tu muerte.

Más allá de tu piel, y más adentro
de toda sombra, y más allá del centro
desconocido, virgen, tembloroso…

Y estar dentro de ti -seguro puerto-
como un paradojal milagro cierto,
presentido a la vez que pavoroso.

Julia Prilutzky

domingo, 2 de septiembre de 2012

La noche

I

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.

Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.

Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

Idea Vilariño