domingo, 29 de noviembre de 2020

A quien, no obstante, tan deliciosos placeres debo

 

Y esa tan transparente neblina que su lengua

extendió sobre mí... labor concupiscente,

minuciosa e inútil, pues el bello prosélito

¿me atreveré a decirlo? es que es tan impotente

como adorable es. Por ello, aún intacto

conservo el corazón de mi valiosa orquídea

(falsas futuras nupcias blancas) y, así, entre tanto,

mi precioso tormento, recibo tus bombones

y mis ingles remojo detrás de cada cita

con abluciones vanas. Pero, tonto muchacho,

no te avergüences si, de pronto, no se abulta tu pretina,

ni tu enarbolado furor puede,

impasible, horadarme la membrana

y arrancar de mi carne el clásico aspaviento.

Y no te desesperes si no soy despojada

aún de aquello que, sobrepasando el tiempo

que la edad aconseja y Cupido consiente,

fiel guardo en el ardiente túnel. Ya custodiada

mi pelvis por amor tan incauto cerrada

permanece, mi escudo, sabrosa precaución!

Hundamos nuestras bocas en la fresca reseda

de nuestros célibes y ocultos sitios

y tú, tonto muchacho, si encuentras resistencia

en donde tu ternura esperaba verterse,

torpemente no insistas empeñado en robarme

unas gotitas rojas y un agudo gritito,

pues no soportarías placer tan cruento.

 

Ana Rossetti

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Collige, virgo, rosas

 


Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.

Córtalas a destajo, desaforadamente,

sin pararte a pensar si son malas o buenas.

Que no quede ni una. Púlele los rosales

que encuentres a tu paso y deja las espinas

para tus compañeras de colegio. Disfruta

de la luz y del oro mientras puedas y rinde

tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico

que va por los jardines instilando veneno.

Goza labios y lengua, machácate de gusto

con quien se deje y no permitas que el otoño

te pille con la piel reseca y sin un hombre

(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.

Y que la negra muerte te quite lo bailado.

 

Luis Alberto de Cuenca

 

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Diario de un seductor

 No es tu sexo lo que en tu sexo busco

sino ensuciar tu alma:

desflorar

con todo el barro de la vida

lo que aún no ha vivido.


Leopoldo María Panero

lunes, 23 de noviembre de 2020

XIII

 


  Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

  Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

  Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

  ¡Odumodneurtse!

 

César Vallejo

sábado, 21 de noviembre de 2020

DÉJAME SER EL LOBO

  Desde el lado obscuro

de tu piel

me iluminas.

Déjame ser el lobo

—sombra de sed y perro y hambre—

que entra en la noche

de tu cuerpo

con pasos húmedos,

titubeantes,

por tu bosque incierto

—tu olor a mar me guía hacia tu oleaje—

para tocar adentro

la luna creciente

de tu sonrisa.

Déjame conocer

—con lengua incluso—

la obscuridad

más honda,

la más callada,

e invocar

con movimientos

repetidos,

rituales como aullidos,

la luna llena

de tu cuerpo,

la que me lleva a ti

como si fuera yo,

en tus manos,

agua

que conviertes en marea

iluminada.

 Alberto Ruy Sánchez


jueves, 19 de noviembre de 2020

QUIERO HACER CONTIGO TODO LO QUE LA POESÍA AÚN NO HA ESCRITO

 Cualquiera diría al verte
que los catastrofistas fallaron:
no era el fin del mundo lo que venía,
eras tú.

Te veo venir por el pasillo
como quien camina dos centímetros por encima del aire
pensando que nadie le ve.
Entras en mi casa
—en mi vida—
con las cartas y el ombligo boca arriba,
con los brazos abiertos
como si esta noche
me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho,
con las manos tan llenas de tanto
que me haces sentir que es el mundo el que me toca
y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas
y lo primero que haces es avisarme:
No llevo ropa interior
pero a mi piel le viste una armadura.
Te miro
y te contesto:
Me gustan tanto los hoy
como miedo me dan los mañana.

Y yo sonrío
y te beso la espalda
y te empaño los párpados
y tu escudo termina donde terminan las protecciones:
arrugado en el cubo de la basura.
Y tú sonríes
y descubres el hormigueo de mi espalda
y me dices que una vida sin valentía
es un infinito camino de vuelta,
y mi miedo se quita las bragas
y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso
uno a uno
todos los segundos que te quedas en mi cama
para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas
media vuelta al mundo
para que aunque tardemos
queramos volver;
entras y sales siendo cualquiera
pero por dentro eres la única;
te gusta mi libertad
y a mí me gusta sentirme libre a tu lado;
me gusta tu verdad
y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo
para colgarme de él hasta el invierno que viene;
gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca
y una boca que me mira mejor que tus ojos;
guardas un despertar que alumbra las paredes
antes que la propia luz del sol;
posees una risa capaz de rescatar al país
y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa,
sin esperarlo ha pasado.
No te has ido y ya te echo de menos,
te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más,
cruzas la puerta
y ya me relamo los dedos para guardarte,
paseo por Madrid
y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción
entonces ven a contarme el amor,
que quiero hacer contigo
todo lo que la poesía aún no ha escrito.

 Elvira Sastre


martes, 17 de noviembre de 2020

PALABRAS

 

Quiero llenarte de palabras.
Palabras sucias. Palabras limpias.
Quiero llenarte hasta que estés completamente
exhausto  de mí.

En el interior de tu cajita,
donde se ahuecan y acomodan las palabras que elijo regalarte,
hay palabras tan puras que son impronunciables.

Palabras que llegan desde la mirada hasta adentro,
sin saber ni siquiera decirlas.

La lengua se me enreda con la tuya y no consigo hablar.
Te beso,
la caja de palabras se mantiene intacta en tu pecho.


Clara Chachón