lunes, 13 de septiembre de 2010

MALEFICIO

La arena de otra orilla,
la noche de otro cielo,
una silenciosa madrugada
con el mar al fondo
como un sueño.
Otras manos en mis manos.
Otras calles y no éstas.

Mi vida
es una cita a ciegas
a la que nunca llegas tú,
o de la que ya te has ido
para siempre.

ÁNGELES CARBAJAl

viernes, 10 de septiembre de 2010

Amatorio

Desnuda
me miro en el espejo perturbable.
No tengo rostro
mi signo del zodiaco es el desorden.

Sola estoy
cuando podría ser otra vez el lento
obstinado presagio de tus dedos.

Este es sólo el exordio del placer.
Después vendrá la imagen de tu boca
atravesando un claro en la arboleda.

Vendrá la llama tibia como el gato.

Oscura la garganta se tragará tu nombre
oscuro de saliva.
Vendrán la lengua y tus rodillas.

Escucha cómo suena el otoño en las ingles:

gástame el vientre
exacerba mi boca
altera mi silueta
rasga esta tarde hasta la pura muerte
degrada este silencio
denso como una zorra
devasta quiebra
asola mi virtual desatino.

Sólo imaginación.

Sólo un espejo.
La humedad que te grita desde el bosque.


Carmen Villoro

miércoles, 8 de septiembre de 2010

SI SUPIERAS CÓMO...

Si supieras cómo, de fuera adentro,
anidaste en mi garganta y en mi sangre,
de qué manera aterrizó en mi vientre,
azul, dulce y sin más tu madrugada.
Si supieras, porque no sabes,
que esta salvación en tres actos
lleva escrito el desenlace de tus manos,
de tus dedos que desatan, desanudan y desnudan
todo el dolor del que soy capaz y del que me han sido.
Cómo decirte que en cada encuentro
me agarras de las muñecas hasta arañarme,
me arrastras y desalojas de esta derrota,
y salgo renacida, vomitando algas y espuma
de este océano que no me quiso y que me naufraga.
Cómo cuento que peleas y me ganas
al desastre de los fondos submarinos,
a la arena de mis ojos y a la apnea,
a la ceguera abisal y al peso de los mares.
Si supieras, porque no sabes,
que me agarro al clavo ardiendo de tu lengua,
que de noche, si no duermo,
me adhiero a tus espaldas y atraviesas
enjambres desbocados y ventiscas
que en sueños dentellean mis talones.
Cómo ordenar el tiempo en estos días,
después de mi silencio y de tus monstruos,
de tu caída libre en mi vacío,
en esta inmensidad que escalas
anclado en los herrajes de mi nombre corto.
De qué sirve que sepas, si no sabes,
que el recodo de tu hombro me redime,
que aunque amanezca huérfana mi cintura
y duela el gesto,
como un error,
tu mano sobre mi nuca corrige el mundo
en un segundo breve,
en un instante.
Si supieras que tus huellas se me imprimen
más hondo que el roce de lo devastado,
que me dolerá mañana más el cuerpo
que la vida,
más que el miedo.
Y no habré de esperar a que me cambies
la orientación de esas ventanas que ya llevan
tanto tiempo dirigidas al poniente.
Cómo decirte, cómo explicarte,
que mis besos te succionan opio dulce
y que insuflas marihuana en mis pulmones.
Que yo,
que tengo el alma atravesada como un chelo,
encuentro entre tus muslos mis acordes
y me inauguras días,
tiempos, horas y estaciones,
y casas donde habita mi refugio.
Cómo decirte, para que sepas,
que tienes un rincón para tu almohada
alojado en lo profundo de mis noches,
que sueño una canción para tus dedos,
y que así sepas, al escucharla,
lo que no digo.



ANA DELGADO

martes, 7 de septiembre de 2010

Bajo amorosa sombra

Cúrame con tus manos,
toca de mí el olvido
que se fue acomodando entre los pliegues.
No venga la tormenta a amordazar mis sueños,
sólo esta lluvia suave, vespertina
despierte en mí los pétalos dormidos.
Desnúdame en silencio,
hoja por hoja
hasta dejar al descubierto el punto
del estremecimiento.
No debe haber estrépitos
que vulneren la calma de mi piel
tendida para ti como un estanque
en donde sólo el toque de tus labios
perturba la quietud.
No quiero los platillos
festejando con notas deslumbrantes
la pasión de los cuerpos,
ni los timbales ebrios
apurando la noche;
sólo la melodía de una flauta
tenue pero sinuosa
que adormezca con ritmo acompasado
estos miedos que vas quitando al paso.
Disuelve con tus dedos
el dolor y sus máculas guardadas
en rincones ocultos;
que se adelgace el tiempo
con tu humedad benigna
hasta llegar al límite de lo que no ha sufrido
magulladura alguna.
Devuélvele la paz a mis palabras
deseosas de ser playas
donde arriben tus barcas sigilosas.
Este amor en penumbra
aluza más que el sol
la gruta en que se había escondido
una parte de mí,
tal vez la más secreta.
Acerca con prudencia
toda tu voz, tus años, tu tibieza
y cuídame despacio
como una flor quebrada
que revive por fin
bajo amorosa sombra.



Carmen Villoro

lunes, 6 de septiembre de 2010

DE LAS COINCIDENCIAS

Quisiera que tengamos
aquella coincidencia del árbol y la hiedra,
del sol y la amapola,
del mar, la ruta y las estrellas.

Porque la vida misma
se nutre del encuentro
de un pájaro y un cielo,
de tu intención de ser
un poco lo que soy.

No sin razón
coinciden las mareas
con tantas otras cosas,
y el río y el misterio
con el adiós y el vuelvo
y el silencio.

SILVIA LONG-OHN

viernes, 3 de septiembre de 2010

POEMA DE AMOR

Esta noite sonhei oferecer-te o anel de Saturno

E quase ia morrendo com o receio de que ele não te coubesse no dedo.

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Esta noche soñé que te ofrecía el anillo de Saturno

y casi moría del temor de que no entrase en tu dedo.


JORGE DE SOUSA BRAGA

jueves, 2 de septiembre de 2010

Escribir el instante

Escribir el instante
que no es poco.
Inventarlo, intentarlo
con palabras indóciles.
Acomodar los signos
en desacuerdo con el día.
Saber un poco más
o un poco menos.
Y adivinar que mañana
habrá otro borrador indescifrable.

Teresa Martín Taffarell