domingo, 20 de enero de 2019

Desde tu nombre



A veces necesitan reposo las palabras,
que las letras ocupen ese sitio redondo que merecen.
Por eso solamente
daba el sol en la plaza de tu nombre.
Solamente por eso
las calles del silencio por la frente,
la lluvia adivinándose en los ojos, la nariz adivina,
ese blando barranco de los labios que saben lo que vendrá mañana.
Solamente por eso
bajo el árbol maduro del pelo anocheciendo
la muralla pequeña de los dientes.
Y la gran avenida del cuerpo que florece
para dar a la mar doble del pecho,
el barco en alta mar de tu cintura
o la pradera grand de tu vientre
y las manos, las manos, las manos pretendidas.
A veces necesitan reposo las palabras
y ya nada mejor que tu cadera,
la cuna primitiva entre tus ingles,
la eternidad bajándose las piernas hasta los pies sinceros,
la tierra detenida.
la tierra que quisiera pisar contigo a medias.
Solamente por eso daba el sol en la plaza de tu nombre.
Solamente por eso
yo me puse a mirar ese gran edificio de tu cuerpo
y quebré los postigos
y no quise subir la escalera de incendios
y asalté las almenas de frente, cara a cara,
y me sobró la sangre
para cruzar las calles de esa ciudad que eres.
A veces necesitan reposo las palabras
que no quiere decir tumbarse en el amor
envuelto en el diario que se quedó vacío.
Esa es la ciudad
donde yo quise entrar durante tanto tiempo.
Javier Egea

viernes, 18 de enero de 2019

Al alba te amo…



Al alba te amo tengo toda la noche en las venas
Toda la noche te he contemplado
Tengo que adivinarlo todo me siento seguro en las tinieblas
Ellas me conceden el poder
De envolverte
De sacudirte deseo de vivir
En el seno de mi inmovilidad
El poder de revelarte
De liberarte de perderte
Llama invisible de día.
Si te vas la puerta se abre hacia el día
Si te vas la puerta se abre hacia mí mismo.
Paul Eluard

miércoles, 16 de enero de 2019

Tranquilamente”



Tendido tranquilamente junto a ti,
Mi mejilla contra tu firme, quieto muslo,
La callada música de Boccherini
Bañándonos en la quietud,
Mientras el sol abandona los altos de la casa y se aleja
Por el Pacífico, en calma ─
Tan calmado se mueve el sol sobre nosotros,
Tan calmado como siempre,
Tan calmados, nuestros cuerpos, agotados
Por el tiempo y las penitencias del amor, nuestros
Cerebros ovillados, quietos en sus conchas, adormecidos,
Nuestros corazones lentos, tranquilos, confiados
En sus ritmos entrelazados, el pulso
En tu muslo acariciando mi mejilla. Tranquilo.
Kenneth Rexroth

lunes, 14 de enero de 2019

Después de todo



Después de todo —pero después de todo—
sólo se trata de acostarnos juntos,
se trata de la carne,
de los cuerpos desnudos,
lámpara de la muerte en el mundo.
Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo
mezquina paga de los que mueren juntos.
A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed,
clavaste el corazón a un muro.
Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho,
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.
Soledad, márcame con tu pie desnudo.
Aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.
Jaime Sabines

sábado, 12 de enero de 2019

Noticia del beso



Nace el beso en la sangre y su fuego madura
como el fruto de un árbol a la luz de la tarde.
Ebrias alas secretas van naciendo a su paso
y dorando los labios que esperan entreabiertos.
Gime la flor del beso antes de abrir su rosa,
y sus pétalos arden melancólicamente
mientras sube un rumor por la delgada sangre
y se detiene al borde de la boca hechizada.
Ya los ojos no ven. Mientras escapa el mundo
sólo el fruto del beso hunde su quemadura
en el dorado éxtasis, y el nácar de unos labios
dulcemente crepita en su abrasada llama.
Un brillo nuevo nace de la boca entreabierta,
mientras redonda estalla la granada del beso,
y el dulce labio herido, ardiente ola ceñida,
su lentísima espuma destila prisionero.
No tiene edad el beso, pero su fruto muere
cuando su llama de oro se deshace en los labios,
cuando despierta el párpado de su ebriedad callada
y el corazón se oculta para sorber su dicha.
Mas no muere su luz, su ardentísimo pozo
puro como la nieve, hondo como el silencio.
No muere lo que llega al fondo de la sangre
donde el beso dejó un reguero de cielo.
José Luis Cano

jueves, 10 de enero de 2019

Desnudo



Lame, arena, su cuello, y ciñe fría
su adormecido seno en ti yacente,
que luego iré a besar esa serpiente
de tu lengua, que el viento desvaría.
Hiere mansa esa flor de la bahía
que asume su mejilla húmedamente,
y ciega esa callada boca ardiente
que no quiere besar la boca mía.
Roza luego su vientre, y la dorada
piel besa de su cálida cintura,
y allí en su centro queda enamorada.
Que ya te templará la calentura
otra flor de mi huerto bien rociada,
si tu lengua se quema en su espesura.
José Luis Cano

martes, 8 de enero de 2019

“Soñé contigo esta noche…”



Soñé contigo esta noche:
Te desfallecías de mil maneras
Y murmurabas tantas cosas…
Y yo, así como se saborea una fruta
Te besaba con toda la boca
Un poco por todas partes, monte, valle, llanura.
Era de una elasticidad,
De un resorte verdaderamente admirable:
Dios… ¡Qué aliento y qué cintura!
Y tú, querida, por tu parte,
Qué cintura, qué aliento y
Qué elasticidad de gacela…
Al despertar fue, en tus brazos,
Pero más aguda y más perfecta,
¡Exactamente la misma fiesta!
Paul Verlaine